Tirada en la vereda estaba la muñeca rota. Lágrimas negras le dibujaban la piel, y atrás de no se donde estaba escondida su sonrisa. Yo la vi salir, la seguí, me acerqué, la abracé. Una foto hermosa de la noche en que me parece que morí...
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario